La muerte es un hecho natural pero no por ello de fácil asimilación, mucho menos con seres entrañables y generosos. La maestra Josefina Lavalle falleció dejando tras de sí, un río de creaciones, de logros artísticos y proyectos culturales, también un gran conjunto de afectos, cosechados de manera espontánea por su sinceridad en el arte y en la vida.
Merecedora sin duda del homenaje realizado en el Palacio de Bellas Artes en donde la comunidad de danza expresó su pesar por la pérdida de un importante integrante, pero sobre todo un profundo respeto por una destacada artista. Las diferencias o las ausencias constantes entre los miembros de la comunidad de danza se dejaron atras para acompañarle por un momento y así decirle el cariño que se le tiene.
La magnitud de la obra y creaciones de la maestra me obliga sólo a recomendar la biografía que de ella ha escrito Patricia Camacho. Desde ahí encontraremos más detalles de esta “vida dedicada a la danza” esa frase acuñada por los de su generación de investigadores y que hoy es de obligada aplicación. De muchas formas cumplió con ese paradigma de los grandiosos en la danza. Uno de ellos fue su preocupación en el de rescate de testimonios y la revaloración del apasionante momento del arte en México que le tocó vivir.
Revalorar la época de oro de la danza mexicana no sólo fue su propósito sino un logro que permitió recordar la pasión con que se acometía la creación en esos días. A pesar de los prejuicios de quienes quieren borrar lo hecho antes o lo hecho por otros, sólo para hacer lucir su propia obra. Esta actitud no la tuvo la maestra Lavalle.
Más aún promovió un proyecto que ya es mito y también un ejemplo de los absurdos de la política cultural: FONADAN una investigación para el registro y análisis de las danzas tradicionales de nuestro país. Ahora que se habla tanto del patrimonio cultural intangible un registro de esta naturaleza sería muy útil para la preservación y la difusión de la importante riqueza cultural de México manifiesta en sus danzas. Algunas instituciones tienen esfuerzos particulares de regiones, danzas o grupos étnicos, pero no el intento del mapa general del patrimonio de la danza, como lo pretendía este proyecto. Y lo más vergonzoso, es la otra parte del mito: su destrucción. Algunas menciones de restos del registro en bodegas del CONACULTA, rumores no aclarados, pero ejemplos de la ignorancia y menosprecio que algunos tienen de nuestro patrimonio.
Claro que sobre todo Josefina Lavalle es una muestra de la integración de nuestras raíces a lo moderno. Y no sólo el folklore, sino lo cotidiano pujante y latente transformado en hecho escénico que buscaba formas novedosas; que además aprovechaba la colaboración de destacados artistas y las expresiones más contemporáneas del momento que le tocó vivir.
Ahora que se habla de homenajes y se confunde la oportunidad para “crear” coreografías. Bien valdría la pena seguir su espíritu. Si los coreógrafos actuales siguiendo el impulso de una realidad y un patrimonio cultural propio, y no sólo la moda de técnicas importadas, estarían dando un buen homenaje. Entonces las obras de Raúl Flores Canelo, los buenos momentos del Forion Ensamble, las coreografías bizarras de Raúl Parrao o las muestras de arqueologías posmoderna de Lidya Romero cumplirían el requisito. Lo mexicano que abreva en lo contemporáneo.
Aunque aquí hay una gran paradoja, pues lo contemporáneo es cambiante y su fluidez nos da nuevos rostros sobre todo los de los días por venir. Que hacen el repertorio de la época de oro y otras menciones que he hecho ejemplos de obras furas de moda. No sólo probablemente, fuera del contexto que las vio nacer y que las potencia aún más. Así vi el gran propósito de la maestra Lavalle de revivir La coronela. Si la viéramos con los ojos de la actualidad alguien la sentía arcaica.
Luego otra forma de homenaje podría ser el remontar, con estudiantes de escuelas parte del repertorio de la época de oro y de grupos independientes para ser presentadas a estudiantes, ayudarían a tener un conjunto de obras capaces de contribuir a la formación de públicos. Vencer el prejuicio en coreógrafos y funcionarios que las obra que ayudó a crear la maestra Lavalle y luego a rescatar son viejas y que sólo lo “nuevo” puede contribuir a difundir al cultura. Y también el otro prejuicio de que la danza contemporánea no puede crear repertorios.
Un homenaje a la maestra Lavalle es un intento general de preservar la danza, ese arte contradictorio por su carácter efímero, pero grandioso por el conjunto del patrimonio que ha construido.